Plinio Corrêa de Oliveira, nombre que, por sí solo, evoca una vida entera consagrada al servicio de Dios, de María Santísima y de la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana.
Su persona y su acción, a lo largo de toda la vida, manifestaron una luz que presenta múltiples aspectos:
Admirativo adorador de la Sagrada Eucaristía, ardoroso hijo y esclavo de la Santísima Virgen, indiscutido líder católico, polemista intrépido en favor de la ortodoxia, brillante pensador… Y cuántos otros títulos aún se podrían enumerar. Sin embargo, entre tantos atributos, hay una preciosa herencia que, como se verá más adelante, brilla especialmente.
En este 30° aniversario de su encuentro con Dios, la TFP rinde homenaje a su Fundador, y recuerda sus ardorosas palabras escritas en el periódico católico Legionário, en julio de 1919:
“En la época en que vivimos, pienso que no debe haber para el católico preocupación más viva y constante, que el incesante fortalecimiento de los lazos espirituales que lo unen a la Santa Iglesia. Dice San Agustín que nadie puede tener a Jesucristo como Padre si no tiene a la Iglesia como Madre. La medida de nuestra unión con Cristo se calcula por la medida de nuestra unión con la Iglesia. Ahora bien, para un católico, no es suficiente que esta unión se traduzca en la creencia de algunas verdades de Fe y en la práctica de algunos Mandamientos. O ella es completa, o no existe. Por otro lado, no es difícil verificar como el mundo, el demonio y la carne conspiran para destruir esta unión sobrenatural. Y cuando no la consiguen destruir, su conspiración se centra en el objetivo de debilitarla por todos los modos posibles, con el fin de descargar contra ella, más temprano o más tarde, un golpe mortal. A todos estos peligros, el católico no debe oponer una actitud simplemente minimalista. Por el contrario, lejos de contentarse con mantenerse dentro de los límites de la ortodoxia, acostado sobre el muro medianero que lo resguarda del abismo de la herejía, él debe esforzarse por hacer cada vez más íntima esta unión con Cristo. Y, para esto, nunca será suficientemente recomendada la práctica espiritual consistente en aprovechar todas las ocasiones para intensificar en nosotros el amor a la Santa Iglesia”.
En 1978, en una reunión en que se conmemoraba el 69° aniversario de su bautismo, con frases intercaladas de lágrimas y sollozos, el Dr. Plinio afirmaba:
“Inesperadamente para mí y a pesar de mi habitual placidez, esta emoción me llegó en su plenitud cuando oí la referencia a un varón católico apostólico romano… Porque es lo que quiero ser: hijo de la Iglesia.
Si yo tanto amo a mamá, es porque ella me condujo a la Iglesia. Y si la amé hasta el final, fue porque, hasta el final la examiné y, hasta el final, noté que en ella todo conducía a la Iglesia Católica. Porque mi amor es a la Iglesia.
Yo querría, que ustedes exactamente en esta fecha, que es de comunicación de almas, en la cual ustedes agradecen a Nuestra Señora el don que yo amo excesivamente el pertenecer a la Iglesia –recompensa demasiadamente grande que me fue otorgada sin merecerla- que ustedes quisiesen a la Iglesia Católica como yo la quiero.
Mis queridos amigos, aquí hay varios que conozco desde hace treinta años o más. A todos, continuamente, no he hecho otra cosa sino decirles: amen a la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana; aquella Iglesia a quien amo tanto que no tengo palabras para hablar sobre ella. Y, simplemente al pronunciar su nombre, soy incapaz de decir después el mundo de elogios y de amor que en mi alma existen.”
Amor y Fidelidad a la Santa Iglesia
¡Amor y fidelidad a la Santa Iglesia! Se puede decir que este es el principal legado del Dr. Plinio para los días actuales, constituido a lo largo de una existencia consagrada al servicio de la Esposa Mística de Cristo, y sellado con el ofrecimiento como víctima expiatoria por el triunfo de ella.
Con filial afecto y veneración recordamos este fulgurante atributo de nuestro Fundador en el 30º aniversario del bendito día en que Dios llamó a sí a tan insigne hijo de la Santa Iglesia.
Este amor y la fidelidad de Plinio Corrêa de Oliveira, varón plenamente católico y apostólico, no solo marcaron la Historia, sino que también marcaron el rumbo, sentando las bases del Reino de María.
“Después de mi muerte, espero junto a [María Santísima] rezar por todos, ayudándolos de manera más eficaz de lo que en esta vida terrena. En cualquier caso, a todos y a cada uno pido entrañablemente y de rodillas que sean sumamente devotos de Nuestra Señora durante toda la vida.”
Plinio Corrêa de Oliveira (de su Testamento, escrito en enero de 1978
Nota: Pila bautismal de la iglesia de Santa Cecilia (Sao Paulo, Brasil) en la cual, el Dr. Plinio recibió el Santo Bautismo.